El Perú necesita más libertad económica y más empresa privada
Iniciamos 2026 en medio de un clima económico retador, pero también con oportunidades valiosas para retomar la senda del crecimiento. En este contexto, es fundamental reafirmar un par de principios que han demostrado ser clave para el desarrollo de los países: el protagonismo del sector privado y la vigencia de las libertades económicas.
Donde hay empresa, hay inversión, empleo y bienestar. La evidencia es clara: las economías que han apostado por entornos abiertos, con marcos regulatorios predecibles y respeto a la iniciativa privada, han logrado avances sostenidos en productividad y bienestar social. El Perú no ha sido la excepción. Durante las últimas dos décadas, nuestro crecimiento estuvo íntimamente ligado a una mayor apertura comercial, un dinamismo exportador sin precedentes y el empuje del empresariado nacional en todos los sectores.
Sin embargo, en los últimos años hemos visto señales preocupantes. Se ha normalizado un discurso que busca estigmatizar al empresario, promover más intervención del Estado en sectores donde no es competitivo y sobrecargar con trabas a quienes generan valor. Esta tendencia debe revertirse. Es momento de recordar que el rol del Estado debe ser el de facilitar, no el de obstaculizar. Necesitamos “tanto mercado como sea posible y tanto Estado como sea necesario”.
Este 2026 será un año clave. No solo se avecina un nuevo proceso electoral que definirá el rumbo institucional del país, sino que el contexto internacional —marcado por tensiones geopolíticas, cambios en las cadenas de valor y políticas proteccionistas— exige que fortalezcamos nuestra competitividad. Ello solo será posible si promovemos un entorno más amigable con la inversión privada, la innovación y el emprendimiento.
Desde ComexPerú, seguiremos trabajando para que el Perú recupere su atractivo como destino de inversiones, que la formalización empresarial sea una realidad accesible, y que el respeto a la propiedad privada y la libre competencia se consoliden como pilares no negociables de nuestra democracia económica. La libertad económica no es un privilegio, es una condición indispensable para el desarrollo.
El año apenas comienza. Hagamos que sea uno en el que reafirmemos, sin ambigüedades, que más empresa privada y más libertad son el camino correcto.